Uso de los inciensos

El incienso nos ayuda a elevar nuestro espíritu y obtener un estado meditativo. Si bien no es necesario encenderlo cuando meditamos o practicamos yoga, hay que reconocer que su distintivo aroma nos predispone a la relajación mental.

La palabra incienso proviene del latín y significa lo que se quema. Es de destacar que el incienso es una resina de goma del género Boswellia que se produce en Arabia e India y forma unos granos redondos, de tono entre blanco y amarillento. Cuando estos granos se queman logran despedir fragancia.

El incienso es un símbolo del honor y la purificación, debido a que se considera que asciende ante Dios simbolizando la elevación de nuestras oraciones. También es ofrecido en señal de respeto, o como purificador, por eso se reparte su aroma con el fin de limpiar y purificar el ambiente.

El incienso ejerce una influencia benéfica ya que las vibraciones del incienso rechazan la agresividad, por lo tanto se imponen a cualquier influencia energéticamente negativa que atente contra el bienestar del ambiente. Debido a eso es que se recomienda utilizarlo en ceremonias o rituales. Por ejemplo, los inciensos a base de sándalo y esencia pura de rosas consiguen armonizar los ambientes más negativos y violentos.

Actualmente se conocen más de 100 variedades de incienso y cada uno de los ingredientes empleados ejerce una influencia especial en el ser humano. Los inciensos que se utilizan en la liturgia contienen Besoaín y Olíbano. El besoaín es séptico y purificador, muy bueno para ser empleado en grandes multitudes. En cambio, el olíbano es magnífico para la devoción y funciona mejor en reuniones pequeñas e íntimas.

 

 

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