Meditar para rejuvenecer

Está comprobado que quien medita de manera constante, o sea diariamente con un tiempo superior a los 5 años que practica la meditación tiene un estado biológico que equivale al de una persona doce años menor en edad en el mejor nivel de salud imaginable.

La meditación es una práctica muy simple, si bien hay muchas técnicas de meditación diferentes, meditar es comenzar a apaciguar a nuestra mente, ayudarla a que tenga más silencio para poder dirigirla.

Mediante la meditación logramos tranquilizar a nuestra mente y a redireccionarla de manera que podamos tener las vidas que nos merecemos y queremos tener. De esta manera la meditación nos permite nutrirnos a nosotros mismos, a meternos para dentro para volver a salir a la acción pero con más recursos, por ejemplo reduciendo los niveles de estrés.

La meditación cambia nuestras ondas cerebrales. Las ondas en un estado de estrés están en una frecuencia beta y la meditación va tranquilizando esa frecuencia de ondas hasta llegar a la onda delta que es la más homogénea y tranquila que puede tener nuestra mente.

A medida que se va produciendo la relajación a nivel del sistema nervioso va mejorando el sistema inmunológico. Al ir equilibrando nuestro cuerpo vamos enlenteciendo el proceso de envejecimiento. El estado de un meditador se llama de alerta relajada, es un estado fisiológico, cuantificable. En ese estado no se producen los químicos que deterioran el organismo.

Meditar es muy simple pero se requiere el deseo y la disciplina porque se ven los resultados con la continuidad de la práctica de meditación.

En líneas generales para meditar busca un lugar cómodo en donde no puedas ser interrumpido. Es preferible que estés sentada con la espalda apoyada.

Luego, cierra los ojos y suavemente permite a tu conciencia entrar en tu respiración. Simplemente observa tu respiración cuando inhalas y exhalas.

Sólo ten consciencia de tu respiración. No trates de controlarla o alterarla de forma consciente.

Cuando observas tu respiración podrás notar que ésta varía. No importa cómo cambia tu respiración, continúa observándola sin resistirte o causar voluntariamente un cambio.

Cuando intentas meditar es común que tu atención se desvie de tu respiración a los pensamientos en tu mente, sonidos del ambiente o sensaciones de tu cuerpo. Cada vez que te des cuenta que no estás observando tu respiración, suavemente trae tu atención nuevamente a tu  respiración.

Recuerda no tener expectativa que puedas tener acerca de la práctica de la meditación. Si notas que te estás enfocando en un estado de ánimo o emoción o buscando una experiencia en particular, trátalo como cualquier otro pensamiento y trae tu conciencia de regreso a tu respiración.

Luego mantén tus ojos cerrados pero deja de observar tu respiración y sólo siéntate comodamente.

Ahora puedes empezar a moverte y estirarte suavemente mientras abres los ojos en forma lenta.

Puedes practicar esta meditación 2 veces al día por 10 o 15 m. Siempre es importante tomar 1 o 2 minutos para salir de la meditación y volver.

 

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